A mediados o finales del siglo XIX, Gaspare Campari experimentaba en Milán con licores de sabor intenso y amargor pronunciado. Mientras tanto, Turín se había ganado la fama de cuna del Vermut dulce. La fusión de ambas especialidades dio origen al Milano-Torino, un trago que conquistó rápidamente a quienes valoraban el contraste entre lo dulce y lo amargo.
Durante las primeras décadas del siglo XX, los italianos disfrutaban del Milano-Torino antes de las comidas, considerándolo a la vez estimulante y ligero. La aparición de giros populares como el Americano (rebajado con soda) amplió el legado de la receta, pero el original siguió firme entre los puristas. Incluso con la llegada de nuevos cócteles, esta mezcla sencilla mantuvo un lugar importante en la coctelería italiana. Hoy, sigue siendo un testimonio del trabajo conjunto entre regiones, un emblema que captura la esencia de Milán y Turín en un solo sorbo equilibrado.
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