El origen y la historia del Bloody Mary son tan ricos y complejos como el propio cóctel. Su creación se atribuye comúnmente a Fernand Petiot, un joven bartender en el Harry's New York Bar en París durante principios de la década de 1920. La mezcla inicial de Petiot era una combinación sencilla de partes iguales de Vodka y Jugo de Tomate, una combinación que resonó con los expatriados estadounidenses y las celebridades que visitaban el bar.
En 1934, tras el fin de la Prohibición, Petiot se trasladó al King Cole Bar en el Hotel St. Regis en Nueva York. Fue allí donde refinó este drink introduciendo condimentos adicionales como Salsa Worcestershire, Pimienta Negra, Pimienta de Cayena y Jugo de Limón, mejorando la complejidad de la bebida y atendiendo a los paladares en evolución de su clientela estadounidense. Curiosamente, debido a las preferencias del propietario del hotel, el cóctel fue inicialmente renombrado como 'Red Snapper', aunque el nombre original finalmente prevaleció.
La etimología del nombre 'Bloody Mary' está sujeta a varias teorías. Algunos sugieren que se inspiró en la reina inglesa María I, conocida por su sangriento reinado, mientras que otros creen que hace referencia a una camarera llamada Mary que trabajaba en un bar de Chicago llamado Bucket of Blood. A pesar de la ambigüedad en torno a su nombre, el atractivo del cóctel continuó creciendo.
A lo largo de mediados del siglo XX, el Bloody Mary consolidó su estatus como un elemento básico del brunch, especialmente apreciado por sus supuestas propiedades para curar la resaca. Su base de Jugo de Tomate y la inclusión de varias especias se creía que calmaban el estómago y revitalizaban los sentidos, lo que lo convertía en una opción popular para reuniones matutinas y de primeras horas de la tarde. La versatilidad del cóctel ha llevado a numerosas adaptaciones y variaciones regionales. En Canadá, por ejemplo, el Caesar, un pariente cercano del Bloody Mary, utiliza Clamato (una mezcla de jugo de almeja y tomate) en lugar de jugo de tomate, ofreciendo un perfil de sabor distinto que se ha vuelto inmensamente popular en todo el país.
En tiempos contemporáneos, el Bloody Mary ha trascendido su papel como mero cóctel para convertirse en un lienzo para la creatividad culinaria. Bartenders y entusiastas experimentan con una variedad de guarniciones, que van desde los tradicionales Tallos de Apio hasta adiciones extravagantes como Tiras de Tocino, Brochetas de Camarones e incluso mini Hamburguesas. Esta evolución refleja la adaptabilidad de la bebida y su atractivo perdurable a través de diferentes culturas y generaciones.
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