Los registros sobre los “sours” se remontan a los marineros que mezclaban licor, cítricos y azúcar en largas travesías para prevenir el escorbuto, apuntando a un origen práctico. Para el siglo XIX, los bartenders de tierra firme adoptaron y perfeccionaron la idea. Elliot Staub, mencionado en referencias históricas, contribuyó a afianzar la posición del Whiskey Sour en las tabernas estadounidenses, combinando Bourbon o Rye con Limón y una dosis mesurada de endulzante.
Hacia 1870 y 1880, la bebida quedó asentada en libros de recetas, ofreciendo a los clientes una opción refrescante y accesible. A medida que los gustos variaron durante la Prohibición y los años posteriores, el Whiskey Sour se ajustó: algunas versiones eliminaron la clara de huevo por facilidad, mientras otras incluyeron ligeros cambios como licores frutales o guarniciones elaboradas. Su presencia en los menús nunca desapareció del todo, gracias al atractivo universal de la equilibrada combinación de dulce y ácido. Con el tiempo, el Whiskey Sour fue reconocido por autoridades internacionales de la coctelería, consolidando su estatus de clásico de origen estadounidense. Incluso hoy, entre los cambios constantes de moda, la fórmula simple de whisky, Limón y azúcar (con o sin clara de huevo) permanece como una prueba de la solidez de los principios de la mixología tradicional.
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